Salí de Venezuela buscando el American Dream y acabé encontrando el sueño español en Madrid
Fuente de la imagen, Cortesía de Mirelis Morales
Información del artículoAutor, Mirelis Morales TovarTítulo del autor, Especial para BBC Mundo desde Madrid
4 horas
Tiempo de lectura: 9 min
Migrar a Miami nunca estuvo en mis planes. Sin la posibilidad de una green card, no me atrevía ni a soñarlo. Pero la aprobación del Estatus de Protección Temporal para los venezolanos (TPS por sus siglas en inglés) en marzo de 2022 me abrió un camino de permanecer legal en Estados Unidos que parecía improbable.
Mi travesía migratoria había comenzado en junio de 2018, cuando me fui a Perú en un acto desesperado por salir de la crisis humanitaria que ahogaba a Venezuela.
La aprobación del Permiso Temporal de Permanencia (PTP) en Perú se convirtió en un salvavidas para salir con mi hijo de 1 año y medio a un país que me prometía un poco de normalidad.
Perú me devolvió la calma. Sin embargo, la pandemia de covid me hizo cuestionar qué tan conveniente era seguir sola allí con un niño de 4 años. La idea de que pudiera contagiarme y no tener quién cuidara de mi hijo, me hizo pensar que debía buscar un nuevo destino donde tuviera red de apoyo. Entonces, ya en 2021, pensé en Miami o en Madrid.
Pero la duda volvía a surgir: “¿Cómo logro sacarme los papeles en Estados Unidos?”. Frente a mi falta de opciones, decidí que lo mejor era irme a Madrid y solicitar una visa humanitaria. Antes, quise hacer una parada en Miami para pasar Navidad con mi hermano y recargarme de abrazos luego de meses de aislamiento.
Ese era mi plan. Sólo que no contaba con que las fronteras de España seguían cerradas para los no residentes y me tocó quedarme en Miami con la esperanza de que ese asunto se resolviera lo más pronto posible.
Entonces, pasó lo inesperado.
El gobierno de Joe Biden aprobó el TPS para los venezolanos que estuvieran indocumentados en el país, como una medida de protección humanitaria ante la crisis que persistía en Venezuela. El TPS te daba la opción de obtener tanto el seguro social, como el permiso de trabajo. Y eso lo cambió todo.
Miami se convirtió en un refugio. Me permitió estar cerca de mis afectos, me concedió el privilegio de trabajar como periodista, me permitió formalizar mi negocio editorial y hasta me dio una segunda oportunidad de encontrar el amor.
El último lugar donde pensaba vivir me abría un mundo de posibilidades. De modo que inicié con determinación mis trámites para obtener “mi visa para un sueño”, como tantas veces le escuché decir a Juan Luis Guerra.
Sólo que nadie me preparó para la pieza que me tocó bailar.
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El efecto Trump
“Mirelis, tienes premios, publicaciones, reconocimientos… Puedes pedir una visa de talentos extraordinarios”, me decían mis conocidos.
Todo indicaba que mi perfil calificaba. Así que contacté a un abogado que les había hecho el trámite a otros periodistas venezolanos y desembolsé los primeros US$6.000.
Lo hice con los ojos cerrados, porque ellos habían logrado conseguir sus papeles. ¿Por qué yo no?
Pasé un año armando mi expediente. Un año recabando evidencias –hasta debajo de las piedras– para demostrar los 10 criterios que me avalaban como una persona sobresaliente en mi área.
Cada carta de respaldo ameritaba una búsqueda casi detectivesca para ubicar a la persona responsable de la firma y luego un lobby para convencerlo de que no era un caso inventado. Hubo muchos que se negaron. Otros ni lo dudaron.
Tenía toda mi esperanza puesta en este proceso. No sólo porque me abría la posibilidad de una residencia –y el camino hacia la ciudadanía– sino porque me permitía darle un estatus a mi hijo y a mi pareja que, para ese entonces, tenía más de 11 años a la espera de la entrevista por solicitud de asilo.
Pagué otros US$3.500 entre gastos administrativos y el servicio exprés para obtener respuesta en 15 días. Ello sin contar el gasto en traducciones certificadas.
“Esto es una inversión a futuro”, me repetía cada vez que me tocaba desembolsar más dinero.
El 15 de febrero de 2024 se envió mi expediente. El 27 de febrero llegó la respuesta: caso rechazado. Sabía que existía esa posibilidad. Igual, no pude evitar la frustración ni la impotencia. Lloré hasta que no pude más. Me sentía tan vulnerable…
¿Ahora qué? Tenía la posibilidad de apelar. Pero preferí pedir una segunda opinión.
“Tu caso está mal de base. No tiene sentido apelar. Lo mejor es armar uno nuevo”, me dijo otro abogado.
La buena noticia es que tenía otra oportunidad. La mala es que debía pagar US$12.570 entre honorarios y gastos administrativos.
“Esto es una inversión a futuro”, me volvía a decir.
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Me embarqué en armar otro caso. Esta vez más exhaustivo.
Un expediente de 700 páginas con pruebas suficientes para demostrar mis aportes en el campo del periodismo, mi rol liderando investigaciones periodísticas en reconocidas organizaciones como BBC y The New York Times, mis publicaciones en los medios más importantes del mundo, mi papel como jurado del trabajo de otros periodistas y mi participación en instituciones periodísticas internacionales.
La solicitud se envió el 24 de enero de 2025, cuatro días después de que Donald Trump asumiera su segundo mandato.
A los días llegó una notificación de Uscis (el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos) en la que solicitaba evidencias adicionales. “¡¿Qué más quieren de mí?!”, pensé. Se envió lo requerido y sólo quedaba esperar.
Se había hecho tan buen trabajo que estaba segura de que esta vez sí obtendría una respuesta positiva. Debía lograr que me aprobaran al menos 3 criterios de los 10 expuestos. Me aceptaron 4.
Solo que no me dieron la residencia, porque, según el funcionario, “no tenía el high-level of expertise requerido” para este tipo de visas.
A juicio de mi abogado, Uscis se había excedido en el uso de la discrecionalidad. A criterio de muchos, mi caso había caído en el hoyo generado por el “efecto Trump”.
Tenía el derecho de apelar ante una corte federal por incumplimiento de la ley. Pero lo descarté al saber que el trámite podía demorar dos años y suponía desembolsar otros US$10.000 sin garantía de nada.
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Para aquel momento, el futuro del TPS ya pendía de un hilo. La Secretaría de Estado y el Departamento de Seguridad Nacional luchaban por revocarlo de forma definitiva.
Se habían abierto varias demandas contra la decisión. Un juez determinó que el gobierno no podía interferir. Se asomó la posibilidad de una extensión hasta octubre de 2026. Sin embargo, nada era definitivo. Mi TPS se vencía en septiembre de 2025 y tenía el tiempo en contra.
Mi abogado me propuso optar por la visa O, a través de una empresa que me patrocinara. Otros US$4.000 que debía sumar a mi abultada deuda de la tarjeta de crédito.
Decidí quemar mi último cartucho, a sabiendas de que esa opción no me daba residencia ni ciudadanía. Sólo 3 años de permanencia legal, renovables por tres años más. El tiempo suficiente para que el país tomara otro rumbo migratorio y las aguas se calmaran. Pensé.
Lo que se suponía era un trámite sencillo, terminó por demorarse más de cinco meses y entré en desesperación.
Mi abogado y su equipo estaban colapsados. No respondían los mensajes. Nadie sabía el estatus de mi solicitud. Ni tampoco me daban la cara.
Cuando finalmente se dispusieron a cerrar el expediente para enviarlo, me enteré de las repercusiones tributarias y decidí desistir.
No era sostenible económicamente para mí.
España: otro cantar
Hasta entonces, había gastado más de US$25.000 sin obtener ningún resultado.
Fueron más de dos años de un intenso desgaste emocional y financiero, dentro de un contexto país cada vez más hostil contra los migrantes, en especial contra los venezolanos.
La única opción que me quedaba para extender mi permanencia en Estados Unidos era acogerme a un asilo extemporáneo, pero, con mis papás en Venezuela, estaba negada ya que eso habría supuesto no poder salir de EE.UU. durante años.
Madrid se abría, de nuevo, como una alternativa.
Por esas cosas del destino, llegué a una publicación en Instagram sobre la visa de nómada digital en España. Pedí una cita con un gestor para conocer con detalle los requerimientos y esa reunión me pintó un panorama más esperanzador: podría obtener la residencia en un plazo de 20 días hábiles y a los dos años optar por la nacionalidad.
Era eso o regresarme a Venezuela.
Fueron días muy complicados emocionalmente. Irme de Estados Unidos implicaba dejar lo más valioso que había construido en los últimos cinco años: mi familia. Y por mucho que mi abogado intentó resarcir el daño con la exoneración del último pago, nada ni nadie me devolvería esa pérdida.
Me tomó un mes cerrar mi vida en Miami. Metí lo que pude en cuatro maletas y viajé a Caracas con el único propósito de renovar mi pasaporte y el de mi hijo para seguir a Madrid.
Tenía la opción de pedir la visa en la embajada de España en Caracas, pero lo descarté al no saber con certeza cuánto duraría el trámite por la vía consular.
Aterricé en Madrid el 8 de septiembre de 2025.
A la semana me reuní con el gestor para entregarle los requisitos de la visa de nómada digital: documentos de mi empresa, estados de cuenta para avalar que gano más de 2.200 euros (unos US$2.580), seguro privado, mis antecedentes penales en Estados Unidos y Venezuela, así como una carta en la que explicara que podía ejercer mis funciones a distancia. Nada más.
Presentamos los documentos el 2 de octubre de 2025. Al mes recibí la noticia: mi residencia en España había sido aprobada por tres años. ¡No lo podía creer!
La resolución llegó en el tiempo establecido y a un costo que no superó los US$825.
Después de tantas vueltas, finalmente había logrado una respuesta afirmativa. De camino a casa, las lágrimas se me salían solas.
Fuente de la imagen, Cortesía de Mirelis Morales
Aún no asimilo la sensación de desarraigo que me dejó la salida intempestiva de Miami. De una u otra forma, sentí que Estados Unidos me expulsó. Y me quedó ese mal sabor de no haber logrado permanecer en el país, a pesar de haber hecho las cosas bien.
Cuando me preguntan qué tal va mi adaptación, siempre respondo lo mismo: “No sé si Madrid sea mi lugar, pero, al menos, me ha hecho sentir más que bienvenida”.
España me ha permitido algo que había olvidado en Estados Unidos: ahorrar. Hasta entonces, mi sueldo se iba directo al bolsillo de los abogados y no me quedaba para mucho más. Mi pareja era quien asumía casi toda la carga económica.
Ahora logré recuperar un poco mi autonomía financiera al salir de mis deudas y el dinero me alcanza para cubrir mis gastos: renta, comida, colegio, entretenimiento.
Aquí volví a sentir la libertad de no tener que depender de un auto para moverme de un lugar a otro. El día que llevé a mi hijo caminando al colegio no me lo podía creer.
Ya no tengo que andar contando millas para saber cuánto gastaré en gasolina o en peaje. El sistema de transporte público en España te permite llegar a cualquier parte y te puedes mover por Madrid a una tarifa plana mensual de 32,7 euros (unos US$38).
No falta quien te mete miedo con la cuota que hay que pagar por ser trabajadora autónoma o quien me advierte que tenga cuidado con Hacienda, que no perdonó ni a la mismísima Shakira.
Pero, con todo y eso, aquí he experimentado una sensación que no tenía desde la llegada de Trump a Estados Unidos: sentirme a salvo.

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Noticias del Mundo
así supera la Sagrada Familia al Pilar de Zaragoza
La Sagrada Familia de Barcelona ha alcanzado esta semana su cota definitiva con la colocación del último elemento de la cruz que corona la Torre de Jesucristo.
El resultado es un dato histórico: 172,5 metros de altura que convierten al templo diseñado por Antoni Gaudí en la iglesia más alta del mundo, culminando uno de los hitos más simbólicos de una obra iniciada en 1882.
La maniobra, de alta complejidad técnica, ha requerido una grúa de gran altura y equipos especializados para instalar la cruz, una pieza de 17 metros compuesta por miles de fragmentos de vidrio y cerámica blanca pensados para reflejar la luz y reforzar el carácter espiritual y luminoso del conjunto.
Con este remate, la basílica consolida su ambición vertical: una “montaña” arquitectónica que, por voluntad de Gaudí, se queda a las puertas de los 173 metros para no superar la altura de Montjuïc.
¿Y cómo queda el Pilar frente a ese nuevo techo?
La comparación con Zaragoza es inevitable: la Basílica del Pilar, uno de los grandes iconos del skyline aragonés, cuenta con cuatro torres que se mueven en una horquilla aproximada de 92 a 95 metros de altura.
Con esos datos sobre la mesa, la diferencia con la Sagrada Familia es contundente:
Si tomamos la cifra máxima del Pilar (95 m): 172,5 – 95 = 77,5 metros de diferencia.
Si usamos la mínima estimada (92 m): 172,5 – 92 = 80,5 metros de diferencia.
Es decir, la Sagrada Familia supera al Pilar entre 77,5 y 80,5 metros, según el punto de referencia que se adopte para las torres zaragozanas.
Y hay otra comparación aún más gráfica para el visitante: el mirador más conocido del Pilar, ubicado en la torre de San Francisco de Borja, está a unos 80 metros de altura. Traducido: la Torre de Jesucristo queda 92,5 metros por encima de ese mirador (172,5 – 80).
Dos perfiles urbanos, dos formas de “tocar el cielo”
La lectura va más allá de la pura cifra. En Zaragoza, el Pilar domina el corazón de la ciudad con una monumentalidad horizontal y cuatro torres que “enmarcan” la plaza y el río. En Barcelona, la Sagrada Familia propone una verticalidad casi radical: una aguja central que actúa como eje y referencia, y que reordena la mirada a varios kilómetros a la redonda.
El contraste también se percibe en la experiencia: mientras que en Zaragoza el ascenso al mirador (con ascensor panorámico hasta 62 metros y tramo final por escaleras) culmina con una panorámica de 360 grados sobre el Ebro y el Casco Histórico, en Barcelona la altura final ya juega en otra liga: el nuevo remate convierte la torre central en un hito comparable, en escala, a los grandes campanarios europeos.
Una diferencia que se mide en “pisos”
Para hacerse una idea: 77,5–80,5 metros equivalen, aproximadamente, a entre 25 y 27 plantas de un edificio residencial estándar (dependiendo de alturas de forjado). No es solo una victoria por centímetros: es un salto de escala.
Con la Torre de Jesucristo ya coronada, la Sagrada Familia entra en su fase más simbólica, con la vista puesta en los actos previstos para los próximos meses.
Y en Aragón, el Pilar sigue siendo lo que siempre ha sido: la gran postal de Zaragoza. Solo que ahora, cuando se hable de templos que “tocan el cielo”, el récord mundial se mide desde Barcelona… y deja al Pilar a casi 80 metros de distancia.
Noticias del Mundo
La Agencia EFE, la primera agencia de noticias en español en el mundo, recibe a los alumnos de periodismo de la UE – Europea Media
Nicolás Morata y Diego Ruiz
El miércoles 18de febrero, la Agencia EFE abrió sus puertas a los alumnos de periodismo de la Universidad Europea de Madrid, donde Juan Lara (adjunto al director de la escuela de periodismo EFE) aportó sus conocimientos y experiencia a los alumnos y les explicó cómo funciona una de las mejores agencias de noticias del mundo.
Fundada en 1939 en Burgos, en plena Guerra Civil española, la agencia EFE nació de la unión de varias agencias previas, y aunque no se conoce con certeza el significado de sus siglas, es la primera agencia de noticias en español y la cuarta a nivel global. Su sede central se encuentra en Madrid, en la Avenida de Burgos, además de en Barcelona pero su presencia se extiende a 180 países de todo el mundo.
Juan Lara, durante la visita a la Escuela de Periodismo EFE, destacó que es una empresa pública sin ideología ni línea editorial, cuya misión es “contar todo lo que ocurre en España y en el mundo” , con especial atención a América Latina. El español es su idioma principal, aunque también produce contenidos en inglés, árabe, portugués y catalán. “Si los que hablamos español no lo defendemos, los que hablan inglés no lo van a defender”, afirmó.

Alumnos UEM en la charla de la Agencia EFE. Foto: Manuela Chica.
La agencia funciona las 24 horas del día. Cuando Madrid cierra, entra en acción la mesa de América, y operan también las mesas de Bogotá y Bangkok (esta última en inglés). La redacción se organiza en grandes áreas: Nacional, Internacional, Economía, Deportes, Audiovisual y Contenidos Digitales, sin dejar de lado ámbitos como la sanidad o el feminismo, con proyectos específicos como EFEMINISTA y EFEverde.
En total, cerca de 3.000 profesionales trabajan para la agencia, alrededor de 600 en España, entre periodistas, fotógrafos y personal técnico. EFE distribuye anualmente tres millones de noticias, 600.000 vídeos y un millón de fotografías. Su departamento de fotografía es considerado “la joya de la agencia”, con imágenes únicas y premiadas que han marcado la historia.
Uno de los ejemplos que se mencionaron, fué la imágen del encuentro Francisco Franco y Adolf Hitler en 1940: la fotografía publicada en su día fué manipulada, ya que la original mostraba a Franco con los ojos cerrados y sin elementos militares que después se añadieron. Este caso sirvió para subrayar la importancia de la verificación. En la actualidad, la agencia cuenta con un departamento específico, EFE Verifica, dedicado a combatir la desinformación y las “fake news”.
Juan Lara insistió en los cuatro principios inamovibles del periodista de EFE: veracidad, rigor, independencia e inmediatez. “Las fuentes son vitales”, recalcó y recordó que el periodista debe “fiscalizar el poder, no halagar”. En una agencia, además, la noticia debe ser clara, con frases cortas y comprensibles, pero siempre verídicas: “la rapidez nunca puede imponerse a la verdad”.
Otro rasgo distintivo de EFE es su sistema de edición. Todas las informaciones pasan por editores, “nuestras cabezas pensantes”, que corrigen y pulen cada detalle antes de su publicación, en la cual la mayoría de los redactores no firman sus piezas “la gran mayoría somos anónimos” salvo en análisis u opiniones.
Para concluir, Juan Lara, aportó la siguiente frase “Para ser periodista hay que leer y preguntar mucho”, subrayando que el profesional debe tener cultura, contexto y fuentes propias, porque como se repitió durante la charla, sin esos elementos no hay periodista que valga.

Redacción de la Agencia EFE. Foto: Manuela Chica
Noticias del Mundo
El documento de 500 años de antigüedad firmado por Hernán Cortés que el FBI devolvió a México
Fuente de la imagen, FBI
Información del artículoAutor, Darío BrooksTítulo del autor, BBC News Mundo
14 agosto 2025
Tiempo de lectura: 4 min
Un documento de 500 años de antigüedad, de “valor incalculable” y firmado por el explorador español Hernán Cortés, fue recuperado en Estados Unidos y devuelto a México luego de más de tres décadas desde su robo.
El Buró Federal de Investigaciones de EE.UU. (FBI, por sus siglas en inglés) informó que el miércoles entregó a las autoridades mexicanas “una página original del manuscrito” que fue firmada por Cortés el 20 de febrero de 1527.
Según la agente especial Jessica Dittmer, que lideró la búsqueda y recuperación junto al Departamento de Policía de Nueva York, el documento es una orden de pago en oro que hizo Cortés en preparación para una expedición.
“Realmente da una idea de la planificación y preparación para el territorio inexplorado de aquella época”, dijo Dittmer.
El manuscrito fue robado a finales de la década de 1980 o inicios de los 90 en Ciudad de México, donde era parte de una colección de documentos de Cortés resguardada por el Archivo General de la Nación (AGN).
“El documento es sumamente importante e interesante. Forma parte del Hospital de Jesús, que es como se le conoce a toda una serie de manuscritos del fundador del hospital, Hernán Cortés”, explicó este jueves asesor cultural de la presidencia de México, José Alfonso Suárez del Real.
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¿Qué dice el documento?
En el manuscrito en español del siglo XVI, Cortés le pide a uno de sus administradores, Nicolás de Palacios Rubios, realizar una diligencia.
“De los pesos de oro que son a vuestro cargo, dad a Melchor López y a Alonso Boedo 60 pesos de oro común, que se les dan por su socorro para ayudar de sus gastos de la armada que yo hago al descubrimiento de la especiería. Y tomad la carta de pago, con la cual y con esta, vos. serán tomados en cuenta”, dice el documento, según Suárez del Real.
Cortés estaba organizando el viaje a las Islas Molucas (actual Indonesia), según el funcionario, que eran conocidas como “las islas de las especias” o “especiería”
El manuscrito estaba en un compendio de documentos autógrafos de Cortés que en la década de 1980 fue microfilmado bajo el resguardo del Archivo General de la Nación. Los expertos en aquel momento se dieron cuenta de que habían sido sustraídas algunas páginas.
Suárez del Real dice que el manuscrito entregado el miércoles a la embajada de México en Washington DC es uno de 14 que fueron sustraídos.
Fuente de la imagen, FBI
Luego de años desaparecido, las autoridades mexicanas lo identificaron en una subasta que se realizaba en 2015 en Estados Unidos.
Con una meticulosa descripción del origen y características, acreditaron que se trataba del mismo manuscrito, según el funcionario.
El FBI dijo que la operación de recuperación implicó el seguimiento del documento en varios momentos en EE.UU., donde pasó “de mano en mano” a lo largo de los años.
Aunque no hubo detalles de dónde ni cómo se recuperó, solo que participaron agencias de Nueva York y Atlanta, Dittmer informó en un comunicado que nadie será procesado en relación con el robo de este documento.
Algunas “partes interesadas” renunciaron por escrito a los derechos de posesión del documento y el FBI se hizo con el mismo.
“Piezas como esta se consideran bienes culturales protegidos y representan momentos valiosos de la historia de México, por lo que es algo que los mexicanos tienen en sus archivos con el fin de comprender mejor la historia”, señaló la agente especial.
Antes de la entrega del miércoles, el FBI ya proporcionó en julio de 2023 otra orden de pago firmada por Cortés para la compra de “azúcar rosa” que fue devuelta al acervo histórico de México.

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