{"id":5938,"date":"2025-10-21T09:11:19","date_gmt":"2025-10-21T12:11:19","guid":{"rendered":"https:\/\/prensahoy.com\/index.php\/2025\/10\/21\/elecciones-en-chile-imprevisibilidad-y-partidos-marginales\/"},"modified":"2025-10-21T09:11:19","modified_gmt":"2025-10-21T12:11:19","slug":"elecciones-en-chile-imprevisibilidad-y-partidos-marginales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/prensahoy.com\/index.php\/2025\/10\/21\/elecciones-en-chile-imprevisibilidad-y-partidos-marginales\/","title":{"rendered":"Elecciones en Chile: imprevisibilidad y partidos marginales"},"content":{"rendered":"<div>\n<p class=\"has-drop-cap\">En un escenario regional marcado por la desconfianza, la fragmentaci\u00f3n y el voto emocional, las elecciones en Chile reflejan una tendencia m\u00e1s amplia en Am\u00e9rica Latina: el ascenso de figuras marginales, la p\u00e9rdida de peso de los partidos tradicionales y la creciente dificultad para construir mayor\u00edas estables. En este art\u00edculo, In\u00e9s Calzada Espuny explica c\u00f3mo la imprevisibilidad domina el panorama y obliga a pensar en nuevas formas de gobernabilidad y representaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El cierre de 2025 marca uno de los trimestres electorales m\u00e1s intensos de Am\u00e9rica Latina en los \u00faltimos a\u00f1os. En menos de tres meses, Bolivia, Argentina, Chile, Honduras y Ecuador acuden a las urnas, en un contexto de polarizaci\u00f3n ideol\u00f3gica, fragmentaci\u00f3n partidaria y creciente desconfianza democr\u00e1tica. <\/p>\n<p>Las encuestas muestran sociedades m\u00e1s desconfiadas, cansadas de promesas incumplidas, pero dispuestas a apostar por discursos de orden, autoridad y eficiencia econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>En este escenario, Chile se presenta como un caso paradigm\u00e1tico. No solo por ser la primera elecci\u00f3n presidencial con voto obligatorio tras m\u00e1s de una d\u00e9cada de participaci\u00f3n voluntaria. Tambi\u00e9n porque refleja tensiones estructurales presentes en toda la regi\u00f3n: el auge de los extremos, la erosi\u00f3n del centro y la incertidumbre sobre la gobernabilidad. Adem\u00e1s, destaca el papel de la informaci\u00f3n digital como nuevo campo de batalla pol\u00edtica.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Polarizaci\u00f3n y fragmentaci\u00f3n: el desaf\u00edo de Chile<\/h2>\n<p>Chile llegar\u00e1 a las elecciones presidenciales el 16 de noviembre inmerso en una tensi\u00f3n pol\u00edtica que refleja un malestar m\u00e1s profundo y extendido en toda Am\u00e9rica Latina. Tras el desgaste del gobierno de Gabriel Boric y el fracaso del proceso constitucional, el pa\u00eds se enfrenta a un nuevo ciclo. Este ciclo est\u00e1 marcado por la fragmentaci\u00f3n partidaria, la polarizaci\u00f3n ideol\u00f3gica y la incertidumbre sobre la capacidad de gobernar.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\">\u27a1\ufe0f Te puede interesar: Transformaci\u00f3n de los homicidios en Chile y el rol de las redes sociales<\/p>\n<p>Con 24 formaciones pol\u00edticas activas y un sistema electoral proporcional que fomenta las coaliciones, el mapa pol\u00edtico chileno se ha convertido en un tablero de m\u00faltiples piezas. Estas piezas dif\u00edcilmente encajan entre s\u00ed. La antigua estabilidad bipartidista de la Concertaci\u00f3n y la derecha liberal ha dado paso a un escenario de microalianzas. En este nuevo panorama, las fuerzas emergentes (m\u00e1s personalistas que program\u00e1ticas) disputan un espacio antes reservado a las grandes corrientes.<\/p>\n<p>La polit\u00f3loga Esther del Campo defini\u00f3 este escenario como un caso extremo de (politizaci\u00f3n emocional). Se trata de campa\u00f1as construidas sobre la idea de \u00abyo soy tu salvador\u00bb, donde el antagonismo simb\u00f3lico sustituye al debate program\u00e1tico.<\/p>\n<p>El expresidente Eduardo Frei lo llam\u00f3 hace a\u00f1os \u00abun sistema de pymes pol\u00edticas\u00bb, y la descripci\u00f3n sigue vigente. El m\u00e9todo D\u2019Hondt (que incentiva la dispersi\u00f3n de esca\u00f1os) ha reforzado esa fragmentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La elecci\u00f3n se enmarca en la dicotom\u00eda entre continuidad y cambio. En ese contexto, los votantes indecisos y los nuevos electores pueden inclinar la balanza.<\/p>\n<p>Las encuestas sit\u00faan a Jos\u00e9 Antonio Kast, del Partido Republicano, y a Jeannette Jara, del Partido Comunista, en un empate. Alcanzan cerca del 27% y 23% respectivamente. Ambos representan visiones de pa\u00eds casi opuestas. Kast se enfoca en la seguridad y la econom\u00eda. Jara, en cambio, defiende un Estado protector y la continuidad del proyecto progresista iniciado en 2022. Busca acercarse al votante de centroizquierda que duda entre apoyar al gobierno o castigarlo.<\/p>\n<p>En el margen, Evelyn Matthei, referente de la derecha tradicional, ha perdido fuerza. Es el s\u00edmbolo del ocaso de una generaci\u00f3n pol\u00edtica que durante d\u00e9cadas encarn\u00f3 el equilibrio institucional del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s all\u00e1 de los candidatos, el verdadero desaf\u00edo chileno es estructural. En el Congreso, ninguna fuerza tiene asegurada una mayor\u00eda clara, lo que anticipa un escenario de gobernabilidad precaria y de pactos puntuales entre adversarios ideol\u00f3gicos. <\/p>\n<p>La fragmentaci\u00f3n se ha convertido en una forma de vida pol\u00edtica: partidos peque\u00f1os que negocian cuotas de poder, l\u00edderes con m\u00e1s visibilidad en redes que en las urnas, y un electorado que se mueve entre la apat\u00eda y la rabia. <\/p>\n<p>En este contexto, la elecci\u00f3n no se decide tanto entre izquierda y derecha, sino entre la promesa de estabilidad y el deseo de ruptura. Lo m\u00e1s importante no ser\u00e1 qui\u00e9n gane, sino qui\u00e9n puede gobernar. Ning\u00fan candidato parece en condiciones de obtener mayor\u00eda parlamentaria, lo que anticipa una segunda vuelta y una legislatura de alianzas.<\/p>\n<p>El voto obligatorio con inscripci\u00f3n autom\u00e1tica a\u00f1ade una capa de incertidumbre sin precedentes. Cerca de tres millones de nuevos electores se incorporan al padr\u00f3n, muchos de ellos j\u00f3venes, abstencionistas habituales o ciudadanos que desconf\u00edan del sistema pol\u00edtico. <\/p>\n<p>La participaci\u00f3n podr\u00eda superar el 80%, pero ese aumento no implica previsibilidad. Por el contrario, ampl\u00eda la volatilidad. Quienes antes se manten\u00edan al margen ahora est\u00e1n forzados a decidir. Su voto puede responder m\u00e1s a emociones inmediatas que a lealtades partidarias. Este nuevo electorado, sin h\u00e1bito de participaci\u00f3n, introduce un elemento de imprevisibilidad. Ese factor desaf\u00eda tanto a los partidos como a los analistas.<\/p>\n<p>La otra gran inc\u00f3gnita es c\u00f3mo leer esa volatilidad. En Chile se ha instalado una aut\u00e9ntica \u00abencuestitis\u00bb: mediciones semanales que buscan anticipar lo que en realidad nadie puede prever. <\/p>\n<p>Los sondeos telef\u00f3nicos o en l\u00ednea, r\u00e1pidos y de bajo costo, suelen excluir a sectores rurales y a votantes con menor nivel educativo. Tambi\u00e9n dejan fuera a quienes reci\u00e9n se incorporan al padr\u00f3n. El resultado es una fotograf\u00eda incompleta que, sin embargo, moldea la conversaci\u00f3n p\u00fablica. La difusi\u00f3n constante de encuestas genera una ilusi\u00f3n de certeza. Esa percepci\u00f3n termina influyendo en el comportamiento electoral. Adem\u00e1s, los medios amplifican cada variaci\u00f3n m\u00ednima como si se tratara de un vuelco hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>El ciclo se retroalimenta: las encuestas crean expectativas, las expectativas condicionan el voto, y el voto desmiente las encuestas. Como resultado, las encuestas terminan moldeando la realidad que pretenden medir, el riesgo no es solo t\u00e9cnico, sino pol\u00edtico: se crea una falsa sensaci\u00f3n de certidumbre que se desmorona el d\u00eda de la elecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La sentimentalizaci\u00f3n de la pol\u00edtica hace que los ciudadanos voten \u00abcon el coraz\u00f3n y exijan con la raz\u00f3n\u00bb. Las campa\u00f1as ya no buscan convencer racionalmente, sino activar emociones: miedo, orgullo, esperanza o enojo. Pese a estas limitaciones, la combinaci\u00f3n de datos con conocimiento social, hist\u00f3rico y cultural permite anticipar tendencias, aunque con gran margen de error. Por eso, es recomendable basar las opiniones en encuestas que estudien la opini\u00f3n popular en un margen de tiempo m\u00e1s amplio, sin \u00abautosesgo\u00bb, limitaci\u00f3n territorial ni intereses de los medios.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\">\u00a0\u27a1\ufe0f\u00a0Te puede interesar:\u00a0La democracia desgastada de Am\u00e9rica Latina<\/p>\n<p>A todo ello se suma un entorno informativo cada vez m\u00e1s vulnerable. Ese entorno se ha convertido en un campo de batalla de la desinformaci\u00f3n. Hoy, las elecciones no solo se ganan en las urnas, sino tambi\u00e9n en las narrativas digitales. El debate pol\u00edtico chileno se libra tanto en las urnas como en las redes sociales. En estas plataformas proliferan campa\u00f1as segmentadas, perfiles falsos y estrategias de micropublicidad emocional.<\/p>\n<p>En los meses previos a la elecci\u00f3n se ha detectado un aumento de mensajes polarizadores en plataformas de mensajer\u00eda y redes, dise\u00f1ados para reforzar prejuicios o sembrar desconfianza hacia las instituciones electorales seg\u00fan el Observatorio de Desinformaci\u00f3n del pa\u00eds.<\/p>\n<p>No se trata solo de desinformaci\u00f3n externa o injerencias extranjeras, en particular de canales rusos. Tambi\u00e9n hay una din\u00e1mica interna de manipulaci\u00f3n emocional que encuentra terreno f\u00e9rtil en la polarizaci\u00f3n. La pol\u00edtica chilena se libra cada vez m\u00e1s en el terreno de las percepciones. En ese espacio, el hecho pierde fuerza frente a la narrativa, y la emoci\u00f3n sustituye al argumento.<\/p>\n<p>Las autoridades electorales no han identificado grandes operaciones de injerencia, pero s\u00ed un entorno vulnerable a la manipulaci\u00f3n emocional y al rumor. <\/p>\n<p>El riesgo, advierten los expertos, no es la magnitud de los bulos, sino su efecto corrosivo sobre la confianza institucional. Instalan la duda sobre las encuestas, los medios y el propio recuento de votos. Esta situaci\u00f3n ha transformado la manera en que los chilenos se relacionan con la pol\u00edtica. Las fronteras ideol\u00f3gicas tradicionales se han desdibujado, y el voto se ha vuelto m\u00e1s reactivo que propositivo. Hoy se vota contra alguien m\u00e1s que por alguien.<\/p>\n<p>En un contexto de inseguridad creciente, inflaci\u00f3n contenida pero persistente y fatiga institucional, las promesas de eficiencia y orden pesan m\u00e1s que los programas. Por ello, la gobernanza de Chile tambi\u00e9n la lograr\u00e1 quien sea capaz de reconstruir una base m\u00ednima de confianza en su sistema pol\u00edtico.<\/p>\n<p>El desaf\u00edo no se limita a elegir presidente. Consiste en volver gobernable un sistema fragmentado, reconectar a los ciudadanos con sus instituciones y evitar que la pol\u00edtica se disuelva en el ruido emocional y digital.<\/p>\n<p>Chile, que durante a\u00f1os fue ejemplo de estabilidad y consenso, enfrenta ahora la paradoja de tener m\u00e1s participaci\u00f3n y, al mismo tiempo, m\u00e1s incertidumbre. Las elecciones de 2025 no ser\u00e1 solo una disputa por el poder, sino una prueba de resistencia democr\u00e1tica en una regi\u00f3n cada vez m\u00e1s inclinada a decidir con el coraz\u00f3n antes que con la raz\u00f3n.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La dimensi\u00f3n regional: Chile y Am\u00e9rica Latina<\/h2>\n<p>Lo que ocurre en Chile no es una excepci\u00f3n, sino un espejo de un fen\u00f3meno m\u00e1s amplio que recorre Am\u00e9rica Latina. De norte a sur, el continente asiste a un ciclo electoral dominado por la desconfianza hacia las \u00e9lites y el ascenso de liderazgos personalistas. Tambi\u00e9n destaca la erosi\u00f3n de los partidos tradicionales. Las urnas ya no muestran apoyo a ideolog\u00edas duraderas, sino impulsos de cambio y votos de castigo. Los ciudadanos votan m\u00e1s por rechazo que por esperanza. Los sistemas pol\u00edticos, antes acostumbrados a mayor\u00edas estables, enfrentan ahora parlamentos fragmentados y gobiernos de minor\u00edas.<\/p>\n<p>En Bolivia (19 de octubre), Rodrigo Paz (centro) y Jorge \u00abTuto\u00bb Quiroga (derecha) compiten en un escenario que marca el fin de dos d\u00e9cadas de hegemon\u00eda del Movimiento al Socialismo (MAS). Aunque el partido de Evo Morales mantiene influencia en organizaciones sociales y sindicatos, su fragmentaci\u00f3n interna ha abierto un panorama in\u00e9dito. En este contexto, los pactos de \u00faltima hora ser\u00e1n decisivos para asegurar la gobernabilidad. <\/p>\n<p>La primera vuelta estuvo marcada por un hecho excepcional: un 20% de votos nulos, cifra in\u00e9dita en la historia reciente del pa\u00eds. En algunas zonas ind\u00edgenas y urbano-perif\u00e9ricas, esa cifra super\u00f3 el 50%. Este voto de protesta recuerda el llamado de Morales cuando se le impidi\u00f3 participar como candidato en las elecciones presidenciales. Ahora, buena parte de ese electorado (que tradicionalmente conf\u00eda en el liderazgo de Morales y desconf\u00eda de las \u00e9lites tradicionales) podr\u00eda inclinarse por Rodrigo Paz. Lo perciben como un candidato m\u00e1s moderado y gradualista, frente a la postura m\u00e1s dura de Quiroga.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\">\u00a0\u27a1\ufe0f\u00a0Te puede interesar:\u00a0Ni\u00f1os sicarios: el reclutamiento de menores por el crimen organizado en Am\u00e9rica Latina<\/p>\n<p>El respaldo de los votantes de Andr\u00f3nico Rodr\u00edguez, as\u00ed como de sectores vinculados a Samuel Doria Medina, podr\u00eda reforzar esa tendencia hacia el centro. <\/p>\n<p>No obstante, Rodrigo Paz necesitar\u00e1 alcanzar al menos el 3% para mantener el registro de su fuerza pol\u00edtica. Tambi\u00e9n debe asegurar una posici\u00f3n estable en el nuevo mapa institucional. El desaf\u00edo no termina en las urnas. Incluso en caso de victoria, el nuevo presidente deber\u00e1 gobernar con un legislativo controlado por el Partido Dem\u00f3crata Cristiano. Esto anticipa una gesti\u00f3n basada en compromisos y alianzas fr\u00e1giles.<\/p>\n<p>En este contexto, los analistas coinciden en que la definici\u00f3n del resultado no depender\u00e1 solo del voto econ\u00f3mico o ideol\u00f3gico. Tambi\u00e9n influir\u00e1 el voto emocional, un terreno donde Rodrigo Paz parece conectar mejor con un electorado cansado de la confrontaci\u00f3n y deseoso de estabilidad.<\/p>\n<p>En Argentina (26 de octubre), las elecciones legislativas ser\u00e1n un punto de inflexi\u00f3n para el presidente Javier Milei. Deber\u00e1 demostrar su capacidad para sostener el proyecto libertario sin una base s\u00f3lida en el Congreso. La reciente derrota en la gobernaci\u00f3n de Buenos Aires \u2014que concentra cerca del 40% del electorado nacional\u2014 ha golpeado su capital pol\u00edtico. Tambi\u00e9n ha expuesto los l\u00edmites de su fuerza territorial. El experimento de Milei enfrenta un escenario mixto: una macroeconom\u00eda estabilizada, con control del gasto y super\u00e1vit fiscal, pero una microeconom\u00eda fr\u00e1gil, donde la inflaci\u00f3n persiste y el consumo interno se resiente.<\/p>\n<p>A ello se suma una oposici\u00f3n peronista que, pese a sus divisiones, ha logrado recomponerse parcialmente. Cristina Fern\u00e1ndez de Kirchner y Axel Kicillof disputan el liderazgo del espacio. El presidente depender\u00e1 de alianzas provinciales y apoyos financieros externos para sostener su programa econ\u00f3mico y ampliar su influencia parlamentaria. <\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la introducci\u00f3n de la Boleta \u00danica de Papel (BUP), pensada para simplificar el voto y reducir el clientelismo, introduce un elemento de incertidumbre. Esta herramienta favorece el voto cruzado, ya que permite elegir candidatos de distintos partidos en diferentes categor\u00edas. As\u00ed, debilita las lealtades partidarias tradicionales.<\/p>\n<p>En Honduras (30 de noviembre), las elecciones generales se desarrollan en un clima de desconfianza institucional, violencia y creciente descontento ciudadano. Los candidatos se enfrentan a un electorado que busca orden en medio del miedo. Salvador Nasralla, al frente del Partido Liberal, encarna un discurso anticasta y de \u00abmano dura\u00bb, inspirado en la narrativa bukelista de eficiencia y control. Su promesa de crear una Comisi\u00f3n Internacional contra la Corrupci\u00f3n e Impunidad (CICIH) busca capitalizar el desencanto hacia las \u00e9lites pol\u00edticas y judiciales.<\/p>\n<p>En el oficialismo, el Partido LIBRE intenta mantener influencia tras a\u00f1os de tensiones internas, mientras el Partido Nacional busca recuperar terreno perdido. <\/p>\n<p>La falta de credibilidad del Consejo Nacional Electoral (CNE), sumada a la sombra persistente del narcotr\u00e1fico en la pol\u00edtica, alimenta temores de una crisis institucional. Esto ser\u00eda especialmente grave en caso de resultados estrechos. La inseguridad, con tasas de homicidio que siguen siendo de las m\u00e1s altas de la regi\u00f3n, y la precariedad econ\u00f3mica definen un escenario complejo. En ese contexto, el voto de castigo podr\u00eda imponerse sobre cualquier fidelidad partidaria.<\/p>\n<p>En Ecuador (16 de noviembre), el refer\u00e9ndum impulsado por el presidente Daniel Noboa busca consolidar su poder pol\u00edtico. Tambi\u00e9n pretende ampliar las facultades del Ejecutivo en materia de seguridad, justicia y control institucional. Las elecciones se presentan como una respuesta al deterioro de la seguridad y al avance del crimen organizado. Este fen\u00f3meno ha convertido al pa\u00eds en un punto neur\u00e1lgico del narcotr\u00e1fico regional.<\/p>\n<p>Noboa, que lleg\u00f3 al poder con un discurso tecnocr\u00e1tico y pragm\u00e1tico, apuesta por traducir su popularidad en una legitimidad reforzada para gobernar hasta 2029. <\/p>\n<p>Sin embargo, el contexto es vol\u00e1til. La violencia, los ataques contra autoridades y las protestas por el aumento del precio del combustible evidencian una sociedad fatigada y polarizada. M\u00e1s que una simple votaci\u00f3n sobre reformas, el refer\u00e9ndum se interpreta como un plebiscito sobre el liderazgo de Noboa. Tambi\u00e9n pone a prueba la capacidad del Estado ecuatoriano para recuperar el control frente a la expansi\u00f3n del crimen y la desconfianza ciudadana.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\">\u27a1\ufe0f Te puede interesar:\u00a0El legado imperecedero de Pepe Mujica: liderazgo \u00e9tico en Am\u00e9rica Latina<\/p>\n<p>El hilo com\u00fan entre todos estos procesos es una mezcla de polarizaci\u00f3n y descontento. Los partidos ya no articulan identidades ni proyectos colectivos; son plataformas de paso para candidaturas que se presentan como soluciones personales frente a un sistema que se percibe roto, es decir, el voto se desplaza de los centros pol\u00edticos hacia extremos o candidatos outsiders, reflejando desafecci\u00f3n con las \u00e9lites tradicionales. <\/p>\n<p>La polarizaci\u00f3n convierte al adversario en un enemigo existencial, lo que imposibilita los acuerdos m\u00ednimos que requiere la gobernabilidad. El resultado son ejecutivos d\u00e9biles que gobiernan mediante decretos presidenciales y parlamentos fragmentados que paralizan cualquier reforma estructural.<\/p>\n<p>En ese contexto, el llamado \u00abmodelo Bukele\u00bb se ha transformado en un referente aspiracional. Su combinaci\u00f3n de eficacia aparente, control institucional y comunicaci\u00f3n directa con la ciudadan\u00eda se replica, con matices, en distintas campa\u00f1as de la regi\u00f3n. <\/p>\n<p>No se trata tanto de copiar su m\u00e9todo como de imitar su est\u00e9tica: un l\u00edder cercano, desafiante frente a los medios, que promete resultados inmediatos sin intermediarios. En sociedades saturadas, esa narrativa funciona. Sin embargo, su prolongaci\u00f3n en el tiempo plantea una tensi\u00f3n profunda entre eficiencia (necesidad de orden) y democracia (l\u00edmites del poder).<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\">La econom\u00eda y la seguridad, ejes centrales de la pol\u00edtica latinoamericana<\/h2>\n<p>En casi todos los pa\u00edses, la inflaci\u00f3n, el desempleo y la criminalidad definen el voto m\u00e1s que cualquier ideolog\u00eda. En Chile, por ejemplo, el crimen organizado \u2014los secuestros han aumentado un 28%\u2014 ha desplazado al debate constitucional. Bolivia enfrenta una crisis econ\u00f3mica que erosiona el legado del crecimiento del pasado. Mientras tanto, en Honduras, la violencia y el narcotr\u00e1fico se imponen como temas \u00fanicos de campa\u00f1a.<\/p>\n<p>La ciudadan\u00eda exige soluciones tangibles y r\u00e1pidas, mientras los gobiernos prometen cambios que no pueden sostener en el tiempo.<\/p>\n<p>A esta mezcla de preocupaci\u00f3n y desconfianza se suma la volatilidad del electorado. Las encuestas, cada vez m\u00e1s err\u00e1ticas, reflejan el agotamiento de las herramientas tradicionales para interpretar el voto. En pa\u00edses con voto obligatorio o nuevos padrones, como Chile y Bolivia, la participaci\u00f3n masiva introduce un componente impredecible. Millones de electores sin lealtades previas pueden volcar una elecci\u00f3n de un d\u00eda para otro.<\/p>\n<p>Las sorpresas recientes en Per\u00fa, Guatemala o Ecuador (outsiders) confirman que el electorado latinoamericano ya no responde a patrones hist\u00f3ricos, sino a impulsos coyunturales amplificados por redes y emociones. Esta tendencia podr\u00eda repetirse en las elecciones generales de 2026 en Costa Rica, Per\u00fa, Colombia y Brasil.<\/p>\n<p>El entorno digital, lejos de estabilizar el debate, lo ha hecho m\u00e1s vulnerable. La desinformaci\u00f3n circula con una velocidad que supera la capacidad de verificaci\u00f3n. Adem\u00e1s, se adapta al idioma, los c\u00f3digos y las emociones locales. Las campa\u00f1as se libran ahora en espacios donde la frontera entre informaci\u00f3n y propaganda es difusa. La llamada \u00abdesinformaci\u00f3n bajo demanda\u00bb, seg\u00fan el Observatorio Iberoamericano de Comunicaci\u00f3n, permite segmentar mensajes, moldear percepciones y movilizar miedos a un costo m\u00ednimo.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\">\u27a1\ufe0f Te puede interesar:\u00a0Los costes de la violencia y la inseguridad en Am\u00e9rica Latina<\/p>\n<p>En pa\u00edses con brechas digitales y educativas profundas, esta din\u00e1mica multiplica su impacto: los ciudadanos no solo reciben versiones contradictorias, sino que terminan desconfiando incluso de los verificadores. La verificaci\u00f3n se convierte en una forma m\u00e1s de militancia, y el resultado es una ciudadan\u00eda atrapada entre la mentira y el descr\u00e9dito.<\/p>\n<p>Varios analistas advierten sobre la urgencia de un nuevo pacto informativo en el espacio iberoamericano. Proponen una \u00abWestfalia digital\u00bb que combine educaci\u00f3n medi\u00e1tica, regulaci\u00f3n de plataformas y cooperaci\u00f3n transnacional para proteger la integridad electoral.<\/p>\n<p>Sin embargo, las condiciones pol\u00edticas y econ\u00f3micas de la regi\u00f3n dificultan cualquier intento de control o coordinaci\u00f3n. En un ecosistema medi\u00e1tico fragmentado, la alfabetizaci\u00f3n digital aparece como la herramienta m\u00e1s viable para reconstruir un m\u00ednimo de confianza p\u00fablica. Educar en la lectura cr\u00edtica de la informaci\u00f3n puede ser m\u00e1s eficaz que censurar o restringir. El desaf\u00edo ya no es solo combatir noticias falsas, sino reconstruir la credibilidad misma del discurso democr\u00e1tico.<\/p>\n<p>Sin embargo, en medio de este panorama, Colombia ofrece una nota distinta. El pr\u00f3ximo 19 de octubre, el pa\u00eds celebrar\u00e1 elecciones para los Consejos Locales y Municipales de Juventud. En ellas podr\u00e1n votar j\u00f3venes de 14 a 28 a\u00f1os. Estos consejos, aunque no tienen funciones legislativas, representan un espacio formal de participaci\u00f3n y control social. Los j\u00f3venes pueden proponer proyectos, fiscalizar pol\u00edticas p\u00fablicas y servir de puente entre la comunidad y las instituciones.<\/p>\n<p>La campa\u00f1a ha estado marcada por un uso intensivo de redes sociales e influencers. Estos promueven la participaci\u00f3n juvenil mediante colaboraciones pagadas y mensajes sobre los incentivos al voto. Entre los beneficios ofrecidos est\u00e1n descuentos en la expedici\u00f3n de documentaci\u00f3n, como pasaporte o libreta militar. Tambi\u00e9n hay rebajas en matr\u00edculas de educaci\u00f3n superior en instituciones oficiales y hasta un mes menos en la prestaci\u00f3n militar obligatoria. Adem\u00e1s, se realizan llamadas telef\u00f3nicas para animar a los j\u00f3venes a votar.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de los incentivos, el proceso busca crear una cultura c\u00edvico-pol\u00edtica joven donde las nuevas generaciones sean involucradas y as\u00ed revertir el descontento pol\u00edtica que predomina en otros pa\u00edses. As\u00ed, en un entorno regional cada vez m\u00e1s polarizado, la iniciativa colombiana rescata la idea de la pol\u00edtica como herramienta de construcci\u00f3n colectiva.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusi\u00f3n<\/h2>\n<p>Am\u00e9rica Latina cierra 2025 en un clima de incertidumbre pol\u00edtica y social. Las elecciones del a\u00f1o confirman una tendencia compartida: democracias fragmentadas, votantes desconfiados y campa\u00f1as dominadas por la emoci\u00f3n antes que por las ideas. Chile, con su voto obligatorio y su polarizaci\u00f3n creciente, resume ese malestar regional.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de qui\u00e9n gane, el verdadero desaf\u00edo ser\u00e1 gobernar. En un sistema sin mayor\u00edas estables y con una opini\u00f3n p\u00fablica moldeada por redes y desinformaci\u00f3n, la gobernabilidad se vuelve precaria. La pol\u00edtica ha perdido su capacidad de mediaci\u00f3n y se ha vuelto reactiva, sensible al ruido digital y a la presi\u00f3n del instante.<\/p>\n<p>El auge de liderazgos autoritarios y el atractivo del \u00abbukelismo\u00bb reflejan la b\u00fasqueda de orden en medio del caos, pero tambi\u00e9n el riesgo de sacrificar derechos en nombre de la eficacia. Frente a ello, la \u00fanica respuesta sostenible pasa por reforzar la educaci\u00f3n c\u00edvica y medi\u00e1tica: ense\u00f1ar a distinguir entre informaci\u00f3n y manipulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Chile ser\u00e1 una prueba crucial. Si logra equilibrar participaci\u00f3n, estabilidad y reformas, podr\u00eda ofrecer una ruta alternativa a la deriva populista que se extiende por la regi\u00f3n. Si no lo consigue, confirmar\u00e1 que Am\u00e9rica Latina avanza hacia una nueva etapa de democracias agotadas, donde las emociones pesan m\u00e1s que las instituciones.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\">\u27a1\ufe0f\u00a0Si quieres adentrarte en las\u00a0Relaciones Internacionales\u00a0y adquirir habilidades profesionales, te recomendamos los siguientes programas formativos:<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un escenario regional marcado por la desconfianza, la fragmentaci\u00f3n y el voto emocional, las elecciones en Chile reflejan una tendencia m\u00e1s amplia en Am\u00e9rica Latina: el ascenso de figuras marginales, la p\u00e9rdida de peso de los partidos tradicionales y la creciente dificultad para construir mayor\u00edas estables. 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